
Parece ser que desde siempre hemos tenido una mentalidad egoísta, todo lo proyectamos estrecho y justo, la holgura no es para nada una característica propia chilena, es mas toda las construcciones viales y de infraestructura son acotadas, pensadas para el hoy y no para el mañana, la falta de ideas visioneras como de proyección son todas una mala característica país, que queda reflejada al extranjero desde el inicio; al ir a cualquier restaurante nos damos cuenta con el pasillo estrecho de entrada, las mesas chicas, baños justos y platos como degustaciones, que estamos en un país estrecho.
Las evidencias son mayores cuando comenzamos hablar… “Luchito ¿Quieres un cafecito o una agüita? Desde siempre los diminutivos contrarrestan las acciones de mayores proporciones, somos chaqueteros porque no estamos acostumbrados a ver alguien en lo alto, miramos hacia el suelo mientras caminamos y poco distinguimos los horizontes a la vez, así el panorama se deja ver como una repetición de gestos orientados a lo pequeño, guiados completamente a partir de antecedentes naturales donde nos ubicamos, una franja de tierra que delgadamente recorre el borde del pacifico y serpentea entre las cordilleras, apareciendo espontáneamente valles que nos acogen para nuestro emplazamiento poblacional.
Hoy tratamos de basar nuestro desarrollo en el modelo norteamericano, de apoco vamos copiando, de buena manera, la holgura norteamericana espacial, mucho falta por entender ese avance, desde nuestras carreteras hasta veredas. Las plazas son pequeños hitos dentro del barrio, el diseño urbanístico de antaño, con grandes parques – praderas que conectan barrios, como el parque forestal, ya no son planteadas en las nuevas ciudades satélites de la periferia, se acota todo por el beneficio a corto plazo, para recibir las ganancias temprano, pero sin llegar a entender el beneficio de largo plazo, hoy los cielos de departamentos quedan en los 2.30 y antes eran de 2.60, ¡un escalimetro mas! detalles de este nivel podemos encontrar por miles, esta claro que el ahorro económico en estos detalles constructivos es inmenso, pero también cae el dicho: “pan para hoy, hambre para el mañana”, al aflorar nuevas torres de viviendas con terminaciones de bajo costo, además de no tener un confort habitacional ideal. Funcionan bien para la primera vivienda, pero de ahí pocos se quedarían toda su vida.
Es necesario proyectar para el mañana con una identidad nacional, pero desarrollando la amplitud espacial transversalmente, sin distinción alguna. La visión país se debe conformar por construcciones de larga vida útil armadas para recibir a una población en ascenso. El aeropuerto tiene pocos años mas de resistencia, carreteras con ampliaciones viales, nuevos túneles de conexión, ciudades satélites en la periferia sin espacios públicos y áreas verdes de conectividad; en fin existen muchos ejemplos de cómo hemos ido desarrollando una identidad estrecha y acotada, basada en nuestra naturaleza y geografía, pero esto debe cambiar, ya que si pensamos visionariamente ganaremos bastante mas que acotando todo lo que proyectamos.
Las evidencias son mayores cuando comenzamos hablar… “Luchito ¿Quieres un cafecito o una agüita? Desde siempre los diminutivos contrarrestan las acciones de mayores proporciones, somos chaqueteros porque no estamos acostumbrados a ver alguien en lo alto, miramos hacia el suelo mientras caminamos y poco distinguimos los horizontes a la vez, así el panorama se deja ver como una repetición de gestos orientados a lo pequeño, guiados completamente a partir de antecedentes naturales donde nos ubicamos, una franja de tierra que delgadamente recorre el borde del pacifico y serpentea entre las cordilleras, apareciendo espontáneamente valles que nos acogen para nuestro emplazamiento poblacional.
Hoy tratamos de basar nuestro desarrollo en el modelo norteamericano, de apoco vamos copiando, de buena manera, la holgura norteamericana espacial, mucho falta por entender ese avance, desde nuestras carreteras hasta veredas. Las plazas son pequeños hitos dentro del barrio, el diseño urbanístico de antaño, con grandes parques – praderas que conectan barrios, como el parque forestal, ya no son planteadas en las nuevas ciudades satélites de la periferia, se acota todo por el beneficio a corto plazo, para recibir las ganancias temprano, pero sin llegar a entender el beneficio de largo plazo, hoy los cielos de departamentos quedan en los 2.30 y antes eran de 2.60, ¡un escalimetro mas! detalles de este nivel podemos encontrar por miles, esta claro que el ahorro económico en estos detalles constructivos es inmenso, pero también cae el dicho: “pan para hoy, hambre para el mañana”, al aflorar nuevas torres de viviendas con terminaciones de bajo costo, además de no tener un confort habitacional ideal. Funcionan bien para la primera vivienda, pero de ahí pocos se quedarían toda su vida.
Es necesario proyectar para el mañana con una identidad nacional, pero desarrollando la amplitud espacial transversalmente, sin distinción alguna. La visión país se debe conformar por construcciones de larga vida útil armadas para recibir a una población en ascenso. El aeropuerto tiene pocos años mas de resistencia, carreteras con ampliaciones viales, nuevos túneles de conexión, ciudades satélites en la periferia sin espacios públicos y áreas verdes de conectividad; en fin existen muchos ejemplos de cómo hemos ido desarrollando una identidad estrecha y acotada, basada en nuestra naturaleza y geografía, pero esto debe cambiar, ya que si pensamos visionariamente ganaremos bastante mas que acotando todo lo que proyectamos.
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