La ciudad de Santiago en todo su soporte urbano, no deja indiferente a nadie las modernizaciones de carreteras, con la promesa de parques alrededor de ellas, hoy islas inhóspitas sin sentido; la proyección de nuevas aéreas verdes que desde el diseño ya comienzan mal y terminan como anécdotas en el paisaje urbano. La discusión sobre las nuevas vías no esta en el “mejorar” la calidad de vida de algunas personas en sus tiempos de viaje, sino en el como queda la ciudad después de la construcción de estas carreteras urbanas, no se trata de combatir sino de pedir de forma responsable la construcción de ellas y logren ser un real aporte. Si hasta el momento se esta planificando proyectar autopistas sobre parques, causes de ríos, cerros y otras áreas de uso público, que sea considerando concientemente su entorno inmediato, en donde no se exime el exigir cuidado por el patrimonio natural (real y existente) a las autoridades pertinentes.Con las nuevas noticias de triplicar la cantidad de plantación de árboles sobre la superficie de Santiago, se denota un problema que desde hace tiempo se distingue desde mi balcón: El Parque Metropolitano, el cual cada día esta mas depredado por las nuevas autopistas, como problemática que aun no cuenta con una razonable cuota de especies arbóreas sobre su pendiente, cosa que también ocurre sobre los cerros Chena y Renca en la región Metropolitana.
Los cerros podrían ser hoy hitos verdes dentro de la ciudad, espacios públicos para la diversión, pero siguen ahí desde la colonización secos peñones agrestes y sin ningún apoyo desde los habitantes como de los poderes estatales.
Es quizás tiempo de replantearse literalmente la factibilidad de otorgarle parques a la ciudad y lograr una barrera al acecho del desierto que se viene encima, como además de disponer de nuevas medidas para una buena forestación de Santiago, las cuales podrían partir por tomar mas en cuenta el día 28 de Junio fecha dada por el Congreso Forestal Mundial para el día del árbol, es aquí donde el aporte debe venir desde los habitantes, donde cuadrillas de alumnos de colegios lleven su árbol y lo planten sobre los cerros próximos a sus escuelas y colegios, y que el gobierno con la CONAF y sus estatutos, aporten el agua en riego sobre cada árbol plantado por la ciudadanía.
Si ya no contamos con excelentes urbanistas y paisajistas como fueron Vicuña Mackenna, Renner, Philippi y Dubois entre otros, por lo menos que entre los habitantes de nuestra ciudad hagamos una contribución natural hacia las próximas generaciones con algo tan básico y accesible como: un árbol.
